miércoles, 9 de marzo de 2011

La Terapia Gestalt desde Adentro: Autoestima y Relaciones Dañinas

El enamoramiento se trata de idealizar a otro y de verse a uno mismo a través de la mirada del otro quien nos idealiza… se siente muy bien dar y recibir este tipo de trato. ¿Cómo es posible, sin embargo, que haya personas que aún cuando su pareja las maltrata a toda costa, se sientan desesperadamente enamoradas?

La autoestima baja está estrechamente relacionada con los amores apasionados y desafortunados. Si yo estoy convencido de ser una persona con poca dignidad, cualquier persona que me haga sentir digno, aunque sea por un fugaz instante, es una candidata perfecta para convertirse en mi más apasionado amor.

Nuestra personalidad está compuesta de miles de personajes internos. Cada uno de estos personajes tiene sus inclinaciones, sentimientos, opiniones y capacidades. Además, todos estos personajes internos mantienen relaciones entre sí. La baja autoestima se debe a que algún personaje maltratador tiene demasiado poder dentro de nosotros mismos y maltrata a los demás personajes internos que tenemos. Cuando un personaje de este tipo tiene demasiada fuerza, no podemos hacer más que sentir que somos lo peor del mundo. Sentimos que en realidad somos el último ser humano del universo, el peor, el menos importante, el menos digno. Si tenemos la tendencia a devaluarnos a nosotros mismos, tendremos la tendencia opuesta hacia el mundo; idealizaremos con demasiada facilidad a los demás y con demasiado facilidad los demás nos parecerán en extremo deseables, importantes, grandes, talentosos, etc. A estas alturas es también muy probable que suframos bastante a raíz de las comparaciones que establecemos entre nosotros y los demás. Y si no nos comparamos con los demás, es posible que intentemos todo el tiempo cumplir con expectativas demasiado altas respecto a cómo quisiéramos ser, con el resultado de sentir que nunca somos suficiente.

Dentro de una persona, es posible encontrar toda clase de personajes internos, desde aquellos más críticos y tiranos, hasta los más compasivos y amables. Cuando tenemos esta disposición a ver dentro de nosotros a un ser espantoso y afuera a todo lo bueno, lo que sucede con nuestros personajes internos es que aquel personaje interno que tiene amor hacia nosotros mismos lo sentimos como algo ajeno e identificamos a la otra persona con este personaje interno. Es decir, ya que aquel personaje interno que siente amor hacia mí mismo no lo reconozco como propio, termino creyendo que son las otras personas las únicas que lo tienen. Ya que el personaje tirano es al único que le creemos cuando se trata de vernos a nosotros mismos, ese personaje interno que puede vernos con buenos ojos, capaz de amar y perdonar todos nuestros defectos lo sentimos como algo que no nos pertenece, es algo que creemos que solo otra persona nos puede dar.

De este modo es muy fácil enamorarse de otra persona que nos maltrata. Ningún maltratador es 100% maltratador y entonces todos aquellos gestos amables que tiene con nosotros mismos nos hacen identificar a esa persona con nuestro personaje interno que tiene bondad para nosotros. Y claro, como estamos acostumbrados a maltratarnos, todos los malos tratos que esa persona nos pueda dar nos parecen algo muy natural, mientras que el más mínimo trato amable nos hace suponer que el universo ha creado un milagro –que alguien nos considera y aprecia- y ese milagro ha encarnado en la persona de quien nos hemos enamorado. Como tenemos serias dificultades para darnos aprecio a nosotros mismos, el más mínimo aprecio del otro nos parece un milagro, entonces acabamos sintiendo y creyendo que ese escaso amor que una pareja maltratadora nos puede dar es el único que podremos recibir en este mundo. Esto es lo que puede enamorar a alguien de una pareja maltratadora entre otras cosas.

En estas circunstancias es muy frecuente que la relación de pareja que mantenga una persona aquejada por la baja autoestima sea muy destructiva a pesar de lo cual sigue sintiendo un amor desgarrador hacia su maltratador o maltratadora. Es más, la separación la puede llegar a sentir como una insoportable herida en el corazón, literalmente como si le hubieran sacado un pedazo. De hecho, esta persona se ha sacado un pedazo a sí misma; se ha despojado de su propio personaje interno amoroso y lo ha puesto en el exterior, desafortunadamente en una persona que le hace daño. No es realmente de esa persona de quien está enamorada una persona en esta situación, sino de la idea de que alguien pueda considerarla.

En terapia Gestalt se realiza un trabajo intenso con nuestros personajes internos. Se le pide a la persona que quiere hacer un trabajo terapéutico que establezca de forma psicodramática diversos diálogos entre todos estos personajes con el objetivo de que establezcan relaciones más sanas entre sí. A continuación reproduzco, del modo más preciso que la memoria me lo permite, una sesión de terapia en donde una mujer joven de 24 años trabajó su dificultad con una muy mala relación de pareja de la cual no podía desligarse ya que sentía que su corazón se hacía pedazos si esta relación –muy mala y destructiva por lo demás- se terminaba.

Ella había terminado su relación formal con este hombre hacía varios meses. El día que tuvimos esta sesión coincidió con un episodio en donde habían quedado de verse y algunas horas antes de reunirse el la llamó por teléfono y le dijo que se había dado cuenta de que a él no le servía de nada verla y que en realidad no tenía ganas de tener ningún tipo de relación con ella. Ante esto, ella se sintió humillada y deprimida, con ganas de hacerse daño a ella misma. Al comenzar la sesión me dijo que se sentía tan mal que había pensado en no venir a terapia.

Este relato, y la actitud victimosa con que lo contaba, me hizo suponer que ella tenía mucha rabia con él, pero que en vez de sentirse enojada con él, estaba retroflectando[1] su rabia y enojándose con ella misma. A raíz de esta suposición le sugerí que imaginase frente a ella a su ex pareja y le expresase una larga lista de cosas que le hacían sentir rabia.

T[2]: Imagina a tu ex frente a ti y exprésale lo que sientes en este momento.

P: No puedo… no puedo hablarle.

T: ¿Qué es lo que te impide hablarle?

P: Es que él no me escucha nunca, no le va a importar lo que yo le diga, yo no le importo... tengo mucha pena.

T: Cuéntale entonces sobre esto que te está pasando.

P: …tu nunca me escuchas, esto me hace sentir mal… (Se energiza un poco y ya se ve que puede sacar la voz, a pesar que lo hace sollozando) Ayer cuando me llamaste me sentí humillada, me dijiste que yo no te importo, que en realidad nunca fui importante para ti, es como si me hubieras roto el corazón en mil pedazos, yo te entregué todo lo que pude, todo lo que soy y tu nunca me diste nada.

T: Cámbiate de asiento, representa a tu ex y respóndele a P.[3]

P como Ex: No me importa lo que me digas. Yo ya te dije que no quiero saber nada de ti, tampoco me interesa ser tu amigo, quiero que dejes de estar en mi vida. Entiéndelo de una vez, no me importas y no me importa lo que estés sintiendo en este momento. No quiero saber nada de ti.

T: Vuelve a sentarte en tu asiento y sé tu misma, recibe las palabras que él acaba de decir, ¿Qué estás sintiendo?[4]

P: Pena, y también enojo conmigo misma porque a pesar de lo mal que él me trata, yo sigo queriéndolo y no sé como dejar de sentir esto por él (llora).

T: Lo que a mí me llama la atención de esto que estoy viendo es que tu estás enojada con tus propios sentimientos cuando en realidad, por lo que me has contado, tienes muchos motivos para tener rabia con él… es como si en vez de estar enojada con él te enojas con tu propio corazón porque siente amor en vez de enojarte con él quien te ha hecho daño y no ha valorado este amor que le has dado. Imagino que algo de enojo debes de estar sintiendo hacia él.

P: Si…

T: Te quiero invitar a que hagas una lista lo más extensa posible que comience con “estoy enojada contigo por…”, ¿ok?

P: Bueno. Tengo rabia contigo porque nunca me escuchaste, tengo rabia contigo porque nunca me presentaste frente a tus amigos como tu novia, siempre daba la impresión de que yo era una cualquiera, me da mucha rabia que varias veces me hubieses obligado a tener sexo contigo aunque yo no quisiera, me sentí usada… me da rabia haber dejado que tu fueras el primero porque más encima estabas borracho, tengo rabia contigo porque siento que me usaste, yo te dí muchas cosas y te serví y tu nunca has valorado todo lo que te dí… (mientras va diciendo todas estas frases la actitud de víctima va desapareciendo, van pasando sus ganas de llorar y cada vez se la ve más tranquila y fuerte en su posición. La lista sigue durante un buen rato)

T: Te quiero invitar a que continúes esta lista y agregues al final de cada frase “y yo no me merezco eso”.[5]

P: Tengo rabia contigo porque nunca me escuchaste y yo no me merezco eso, yo merezco que me escuchen y consideren mis sentimientos y opiniones, tengo rabia contigo porque no me cuidabas, siempre salíamos tenía la sensación de estar muy expuesta, tú me exponías y no me merezco eso, yo merezco que me respeten y cuiden mi imagen frente a otras personas, tu te burlabas de mí. (continúa durante un buen rato con esta lista)

T: ¿Cómo te sientes?

P: Más tranquila.

T: ¿Te das cuenta de toda la rabia que estabas dirigiendo hacia ti y que en realidad debe estar dirigida hacia él?

P: Si, me siento mejor, más tranquila pero de todos modos siento que no puedo dejarlo ir, que si el ya no está más en mi vida entonces mi corazón va a seguir partido, hecho añicos… entiendo que él no me quiere y no es bueno para mí, pero no sé cómo deshacerme de este sentimiento hacia él.

T: Todos tenemos una imagen interna de cómo es la persona que queremos que nos ame, parece que tú estuvieras convencida de que tu ex es esa persona… pero a mi me parece que no tienen nada de parecidos. ¿Qué será lo que te hace pensar que se parecen tanto?

P: Es que al principio de la relación, él me trataba como a su princesa… incluso me dijo que desde que me conoció el había cambiado, que si yo hubiese sabido cómo era él antes hubiese sido imposible que yo lo quisiera. Pero después cambió y se volvió frío y empezó a hacerme daño.

T: ¿Y estás de acuerdo conmigo en que al parecer él en realidad no es esa persona de quien te enamoraste, sino que más bien te enamoraste de un ideal que estaba dentro de tí?

P: Sí.

T: Entonces vamos a separar al hombre ideal de quien estás enamorada de tu ex quien te ha tratado mal. Es como si esta imagen ideal la hubieses asociado con tu ex –a pesar de que realmente tu ex no tiene muy poco de este ideal- y por eso no puedes dejar de sentir esto hacia él. Pero no es de él de quién estás enamorada, sino de la imagen ideal de un buen hombre para ti. Te voy invitar a que te sientes en el asiento frente a ti y te imagines que eres ese hombre ideal que tienes en tu mente. Todas las personas tenemos una imagen ideal de cómo sería nuestra pareja ideal, una pareja que nos ama como somos intensamente. Quiero que seas ese hombre que hay en tu mente y le digas a P lo que sientes por ella.

P como hombre que la ama: Es raro… bueno… es un poco cliché, pero lo siento así. P, yo te quiero, te amo, encuentro que eres la persona más especial que hay sobre el planeta. Cuando estoy contigo me siento lleno, si tú no estás siento que algo me falta, no me siento bien. Y te quiero con todos tus defectos también… yo sé que a veces te pones un poco irritable porque te exiges demasiado y te crees una super mujer, pero igual te quiero así, incluso con tus defectos físicos… es que quiero a la persona que eres, todos tus defectos son parte del “pack” y así eres tú y así te quiero. Me importas mucho, todo lo que te suceda me importa porque tú me importas, eres muy importante para mí.

T: Cambia de asiento y sé tu misma… ¿qué sientes al escucharlo?

P: Me siento bien. Es raro… pero me siento bien.

T: Fíjate que en realidad no hay otra persona en el asiento del frente, eres tú misma sintiendo todas estas cosas por ti misma… tu puedes verte a ti misma con buenos ojos y sentirte bien respecto de ti misma. ¿Te das cuenta de eso?

P: Si. (sonríe)

T: Entonces te quiero invitar a que tomes a este hombre que te ama que está frente a ti. Estira tus manos y tócalo… (P hace el gesto)… ahora ponlo dentro de tu corazón, este amor hacia ti misma que has puesto fuera de ti, tráelo dentro de ti, ponlo dentro de tu corazón (P hace el gesto).

T: ¿Qué sientes?

P: Me siento con fuerza… me siento bien.

T: Ok, ahora que has recuperado tu fuerza quiero que imagines a tu ex frente a ti. Ahora que tienes tu fuerza, ¿qué sientes al verlo?

P: Siento pena por él… a pesar de que él dice que está bien yo sé que no es así. Además lo veo y ya no me siento tan mal por estar lejos de él.

T: ¿O sea que ahora que tu capacidad de sentir aprecio por ti misma ha vuelto a ser tuya, es menos difícil estar lejos de él?

P: Sí, es más fácil mantener la distancia.

T: Te quiero dar una tarea. Todos los días vas a imaginar que eres este hombre enamorado de ti y te vas a mirar a ti misma con sus ojos, vas a ir dándote cuenta de todo lo que te gusta de ti porque lo que hace que sea difícil para ti dejar de sentir tanto amor hacia tu ex es que tu capacidad de quererte la has puesto en él… es como si un pedazo de ti misma se lo hubieras dado a él. Y no es que lo necesites a él realmente, necesitas poder sentir aprecio por ti misma, amor por ti misma, necesitas recuperar esa parte de ti que te quiere.

Tomás de la Fuente H.




[1] La retroflección es uno de los mecanismos de defensa que se describen en la teoría de la terapia gestalt. Consiste en dirigir un impulso que se orientaba hacia un objeto en el ambiente en contra de uno mismo. Cuando se retroflecta la agresión es muy habitual encontrar síntomas de tipo depresivo, baja autoestima, sentimientos de culpa, conductas autodestructivas que en su extremo pueden llegar a consistir en autoinflingirse daño físico, como cortes en los brazos por ejemplo.

[2] T=Terapeuta, P=La inicial del nombre de la joven.

[3] En terapia gestalt se invita a la persona a trabajar y representar no sólo sus personajes internos, sino también a otras personas con las que es necesario cerrar situaciones inconclusas.

[4] En gestalt se trabaja con la experiencia de la persona en el aquí y ahora. A eso se debe la pregunta “¿Qué estás sintiendo?” Esto permite expresar de forma sentida los sentimientos lo cual permite resolver de forma eficaz los conflictos. En gestalt se trabaja con la expresión y el darse cuenta y se evita teorizar en exceso sobre la propia situación.

[5] Le hago esta sugerencia porque supongo que al agregar “yo no me merezco eso” es posible que ella pueda conectarse de forma más intensa con un sentimiento de dignidad y con el deseo de recibir buenos tratos.

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